PERO CUANDO LLEGÓ LA 525. NOCHE
Ella dijo:
»...Pero á nuestra ama la joven, que le amaba con un amor grande, la afectó tanto aquella mar- cha, que cayó enferma de una grave enfermedad que la tuvo á la muerte. Entonces, nuestro amo el jeique Taher, al ver la languidez mortal que padecía su hija, arrepintióse de lo que había hecho; y despa- chó correos en todas direcciones y para todos los paises, á fin de dar con el joven Abul-Hassán, ¡y prometió cien mil dinares de recompensa á quien le trajera! Pero hasta el presente han sido vanos to- dos los esfuerzos de quienes le buscaron, pues nin- guno pudo seguirle las huellas ni saber noticias su- yas. ¡Así es que la joven hija del jeique está ahora á punto de exbalar el último suspiro!>
»Con el alma desgarrada de dolor, pregunté en- tonces al muchacho: ¿Y cómo está el jeique Ta- her? Contestó: ¡Con todas esas cosas tiene una pena y un abatimiento tales, que ha vendido las jóvenes y los jóvenes, y se ha arrepentido amarga- mente ante Alah el Altisimo!» Entonces dije al jo- ven esclavo: ¿Quieres que te indique dónde se en- cuentra Abul Hassán Al-Omani? ¿Qué dirías, si así fuera?» Contestó él: ¡Por Alah sobre ti, ¡oh her-