mano míol hazlo! ¡Y habrás vuelto á la vida una amante, una hija à su padre, un enamorado á su amiga, y habrás sacado de la pobreza á tu esclavo y á los padres de tu esclavo!» Entonces le dije: <Ve en busca de tu amo el jeique Taher, y dile: ¡Me debes la recompensa prometida por la buena noti- cia! ¡Porque á la puerta de tu casa se encuentra Abul-Hassan Al-Omani en persona!> > Al oir estas palabras, el joven esclavo echó á correr con la rapidez del mulo que se escapa del molino; y en un abrir y cerrar de ojos, volvió acom- pañado del jetque Taher, padre de mi amiga. ¡Y cuán cambiado estaba! ¡Y cómo tenía ya la tez, tan fresca en otro tiempo y tan joven entonces, A pesar do su edadl En dos años había envejecido más de veinte. Me reconoció al punto, y se arrojó á mi cuello y se puso à besarme llorando, y me dijo: ¡Oh mi señor! ¿qué fué de ti en tan larga ausen- cia? Por causa tuya está á las puertas de la tumba mi hija. ¡Ven! ¡Entra conmigo en la casal. Y me hizo entrar, y empezó por ponerse de rodillas en el suelo para dar gracias à Alah por haber permitido nuestra reunión; y se apresuró á entregar al joven esclavo la recompensa de cien mil dinares prome- tida. Y el joven esclavo se retiró invocando sobre mi las bendiciones. Tras de lo cual el jeique Taher entró primero solo en el aposento de su hija para anunciarle sin brusquedad mi llegada. Le dijo, pues: Vengo & anunciarte la buena nueva, ¡oh hija mia! ¡Si con- TOMO XII g © Biblioteca Valenciana (Generalitat Valenciana)
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