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Página:Las mil noches y una noche v12.djvu/134

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LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE

Harún Al-Rachid, que no había cesado de pensar en aquella historia, llamó á Massrur y le dijo: <¡Oh Massrur! El interpelado contestó: A tus órdenes, joh mi señor!» El califa dijo: ¡Vas à reunir inme- diatamente en esta sala todo el tributo anual de oro que hemos percibido de Bagdad, todo el tributo de Basra y todo el tributo del Kuorassán!> Y al mo- mento hizo Massrur llevar ante el califa y amonto- nar en la sala los tributos de oro de las tres grandes provincias del Imperio, que ascendían á una suma que sólo Alah podría enumerar. Entonces el califa dijo á Giafar: ¡Oh Giafar! El aludido contes- tó: <Aquí estoy, joh Emir de los Creyentes! El ca- lifa dijo: ¡Ve en seguida á buscar à Abul-Hassán Al-Omani Giafar contestó: ¡Escucho y obedez- co! Y al punto fué à buscar al joven, y le llevó todo tembloroso ante el califa, entre cuyas manos besó la tierra el recién llegado, manteniéndose con los ojos bajos é ignorante del crimen que habría podido cometer ó del motivo que reclamaba su pre- sencia. > Entonces le dijo el califa: ¡Oh Abul-Hassán! ¿eabes los nombres de los mercaderes que fueron tus huéspedes ayer por la noche?» El joven contes- tó: <No, por Alah, ¡oh Emir de los Creyentes!> El califa se encaró entonces con Massrur, y le dijo: Levanta el tapete que oculta los montones de oro! Y cuando estuvo levantado el tapete, el cali- fa dijo al joven: ¿Puedes decirme, al menos, si eetas riquezas son más considerables que las que © Biblioteca Valenciana (Generalitat Valenciana)