perdiste con la venta precipitada del trozo de con- cha, si ó no?» Y estupefacto' de ver al califa al corriente de aquella historia, Abul-Hassán murmu- ró, abriendo sus ojos dilatados: ¡Ualah! ¡oh mi se- ñor, estas riquezas son infinitamente más conside- rables! Y el califa le dijo: ¡Pues has de saber que tus huéspedes de ayer por la noche eran el quinto de los Bani-Abbas y sus visires y sus intimos, y que todo ese oro amontonado ahí es de tu propie- dad, como regalo de parte mia para indemnizarte de lo que perdiste en la venta del trozo de concha talismánica!> Al oir estas palabras, se emocionó tanto Abul- Hassán, que dentro de él operóse otra revolución, y se le bajó del rostro el color amarillo para ser reemplazado en el instante por la sangre roja que afluyó á su cara y le devolvió su antigua tez blan- ca y sonrosada, resplandeciente cual la luna en la noche de su plenitud. Y haciendo que llevaran un espejo, se lo puso el califa delante del semblante & Abul-Hassán, que hubo de caer de rodillas para dar gracias al Liberador. Y después de hacer transportar á la morada de Abul-Hassán todo el oro acumulado, el califa le invitó á que fuera con frecuencia á hacerle compañia entre sus intimos, y exclamó: «¡No hay otro Dios que Alah! ¡Gloria & Quien puede producir cambio sobre cambio y es el Unico que permanece Incambiable é Inmutable!> <Y tal es, job rey afortunado!-continuó Schahraza- © Biblioteca Valenciana (Generalitat Valenciana)
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