nardo y perfumes y darle por aposento el pabe- llón de las ventanas que miran al mar. Y en aque- lla hora y aquel instante ejecutáronse las órdenes del rey. Porque la capital en que reinaba el rey Schahra- mán se encontraba situada á la orilla del mar, efec- tivamente, y se llamaba la Ciudad Blanca. Y por eso, después del baño, las mujeres de palacio pu- dieron conducir à la joven extranjera à un pabe- ilón con vistas al mar. Entonces, el rey, que sólo esperaba este mo- mento, penetró en las habitaciones de la esclava. Pero se sorprendió mucho al ver que ella no se le- vantaba en honor suyo y no hacía de él más caso que si no estuviese alli. Y pensó para si: ¡Deben haberla educado gentes que no la enseñaron buenos modales! Y la miró con más detenimiento, y ya no pensó en su falta de cortesía, pues tanto le encanta- ban su belleza y su rostro, que era una luna llena ó una salida de sol en un cielo sereno. Y dijo: <¡Gloria >> Alah, que ha creado la Belleza para los ojos de
- us servidores!» Luego sentóse junto à la joven, y
la oprimió contra su pecho tiernamente. Después la sentó en sus rodillas y la besó en los labios, y Baboreó su saliva, que hubo de parecerle más dul- ce que la miel. Pero ella no decía una palabra y le dejaba hacer, sin oponer resistencia ni mostrær nin- gún deseo. Y el rey mandó que sirvieran en la es- tancia un festin magnífico, y él mismo se dedicó & servirle de comer y à llevarle los bocados á los la- © Biblioteca Valenciana (Generalitat Valenciana)