bios. Y de cuando en cuando la interrogaba dul- cemente por su nombre y por su país. Pero ella permanecía silenciosa, sin pronunciar una palabra y sin levantar la cabeza para mirar al rey, el cual la encontraba tan hermosa, que no podía decidirse à encolerizarse con ella. Y pensó: ¡Acaso sea muda! ¡Pero es imposible que el Creador haya for- mado semejante belleza para privarla de la palabral ¡Sería una imperfección indigna de los dedos del Creador!> Luego llamó à la servidoras para que le vertieran agua en las manos; y se aprovechó del momento en que le presentaban el jarro y la jofai- na para preguntarles en voz baja: <¿La oisteis ha- blar cuando estuvisteis cuidándola?» Ellas contes- taron: Lo único que podemos decir al rey es que en todo el tiempo que estuvimos junto àá ella sir- viéndola, baňándola, perfumándola, peinándola y vistiéndola, ni siquiera la hemos visto mover los la- bios para decirnos: ¡Esto está bien! ¡Esto otro no está bien!> Y no sabemos si será desprecio para nos- otras ó ignorancia de nuestra lengua ó mudez; ¡pero lo cierto es que no hemos conseguido hacerla ha- blar ni una sola palabra de gratitud ó de censura!> Al oir este discurso de las esclavas y de las ma- tronas, el rey llegó al límite del asombro, y pensan- do que aquel mutismo se debería á alguna pena in- tima, quiso tratar de distraerla. A tal fin, congregó en el pabellón á todas las damas de palacio y á to- das las favoritas, con objeto de que se divirtiese y se distrajera ella con las demás; y las que sabían © Biblioteca Valenciana (Generalitat Valenciana)
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Apariencia