de un año que prolongo la paciencia de mi alma, ignorando la causa de ese mutismo y de esa insen- sibilidad, sin llegar á adivinar de qué proviene! St eres realmente muda, házmelo comprender por se- fas, al menos, con el fin de que pierda toda espe- ranza de oirte jamás, ¡oh bienamada mía! De no ser así, ¡pluguiera á Alah enternecer tu corazón é ins- pirarte, en su bondad, para que cesaras por fin en ese silencio que no merezco! Y si se me ha de rehu- sar este consuelo siempre, ¡haga Alah que te quedes encinta de mí y me des un hijo querido que me su- ceda en el trono legado por mis padres y mis ante- cesores! ¡Ay! ¿no ves cómo envejezco solitario y sin posteridad, y que pronto no me será ya posible fe- cundar flancos jóvenes, pues estaré deshecho por la tristeza y por los años? ¡Ay! ¡ay! ¡oh túl si por mí experimentas el más leve sentimiento de piedad ó afección, respóndeme, dime solamente si estás en- cinta ó no; ¡te lo suplico por Alah sobre ti! ¡Y muera yo después!» Al oir estas palabras, la bella esclava, que había escuchado al rey con los ojos siempre bajos y las manos juntas sobre las rodillas, en una pos- tura inmóvil, según su costumbre, tuvo de repente, y por primera vez desde su llegada á palacio, una ligera sonrisa. ¡Sólo eso y nada más! Al ver aquello, el rey llegó á tal emoción, que creyó que el palacio entero se iluminaba con un relámpago en medio de las tinieblas. Y se estreme- ció en su alma y se regocijó, y como después de Biblioteca Valenciana (Generalitat Valenciana)
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Apariencia