que todos los reinos de la tierra, y está dividido en provincias con ciudades muy populosas. Y según las regiones que ocupan esos pueblos, tienen cos- tumbres y usos diferentes, y también, como ocurre en la tierra, diferente conformación; unos son pe- ces; otros medio peces, medio humanos, con cola en lugar de pies y de trasero; y otros, como nos- otros, completamente humanos, y creyendo en Alah y en su Profeta, y hablando un lenguaje que es el mismo en que está grabada la inscripción del sello de Soleimán. Respecto à nuestras moradas, ¡son palacios espléndidos, de una arquitectura que ja- más podríais imaginar en la tierral Son de cristal de roca, de nácar, de coral, de esmeralda, de ru- bies, de oro, de plata y de toda clase de metales preciosos y de pedrerías, sin hablar de las perlas, que cualesquiera que sean su tamaño y su belleza, no se estiman entre nosotros y sólo adornan las viviendas de los pobres y de los indigentes. Por últi- mo, como nuestro cuerpo está dotado de una agili- dad y una flexibilidad maravillosas, no necesita- mos, cual vosotros, caballos y carros para utilizar- los como medios de transporte, aunque los tenemos en nuestras cuadras para servirnos de ellos sola- mente en las fiestas, los regocijos públicos y las expediciones lejanas. ¡Desde luego, esos carros es- tún construidos con nácar y metales preciosos, y van provistos de asientos y tronos de pedrerías, y son tan hermosos nuestros caballos marinos, que ningún rey de la tierra los posee semejantes! Pero
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Apariencia