cer Fior-de-Granada á la vez que lo que iba á pro- ducirse sobre el mar. Y Flor-de-Granada sacó de su seno dos trozos de madera de áloe de las Islas Comores, los puso en un braserillo de oro y los quemó. Y cuando se disipó el humo, lanzó ella un silbido prolongado y agudo, y pronunció sobre el braserillo palabras desconocidas y fórmulas conjuratorias. Y en el mismo momento se conmovió y se agitó el mar, y salió primero del agua un joven como la luna, her- moso y de buen aspecto, y parecido en la cara y en la elegancia á su hermana Flor-de-Granada; y eran blancas y sonrosadas sus mejillas, y sus cabe- llos y su bigote naciente eran de un verdemar; y como dice el poeta, era él más maravilloso que la propia luna, porque la luna no tiene por morada ordinaria mas que un solo signo del cielo, ¡mien- tras que aquel joven habita indistintamente en los corazones todos! Tras de lo cual salió del mar una vieja muy anciana, de cabellos blancos, que era la llamada Langosta, la madre del joven y de Flor-de- Granada. É inmediatamente la siguieron cinco mu- chachas jóvenes cual lunas, que tenían cierto pare- eido con Flor-de-Granada, de la que eran primas. Y el joven y las seis mujeres echaron á andar por el mar, y á pie enjuto llegaron bajo las ventanas del pabellón. Y de un salto consiguieron entrar uno tras otro por la ventana donde se les había apare- cido Flor-de-Granada, que hubo de retirarse para dejarles pasar. © Biblioteca Valenciana (Generalitat Valenciana)
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Apariencia