me con vosotros y rogaros que me asistáis en el par- to. ¡Porque no tengo confianza en las comadronas terrestres, que no entienden nada respecto á partos de hijes del mar!» Entonces contestó su madre, la reina Langosta: ¡Oh hija mía! ¡Al verte en este palacio de un principe de la tierra, tuvimos miedo de que no fueses dichosa; y estábamos dispuestos á rogarte que nos siguieras á nuestra patria, porque ya sabes cuánto es nuestro amor por ti y el grado de afecto y estimación que te tenemos, y nuestro desco de saber que eres dichosa y vives tranquila y sin preocupaciones! Pero desde el momento en que nos afirmas que eres dichosa, ¿qué cosa mejor podríamos desearte?... En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente. H PERO CUANDO LLEGÓ LA 532.ª NOCHB Ella dijo: ....Pero desde el momento en que nos afirmas que eres dichosa, ¿qué cosa mejor podríamos de- searte? Y sin duda, sería tentar al Destino el querer casarte con uno de nuestros príncipes del mar, á despecho de la suerte contraria.» Y contestó Flor- de-Granada: ¡Si, ¡por Alah! aquí estoy en el límite © Biblioteca Valenciana (Generalitat Valenciana)
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Apariencia