elogié ante mis parientes, y que estaban decididos á llevarme con ellos si les hubiese dicho la menor cosa que les hiciera creer no era feliz contigo!> Y contestó el rey: ¡Ya lo he oído y lo he visto! ¡Ua- labi! ¡En esta hora bendita tuve la prueba de tu adhesión á mí, y ya no puedo dudar de tu afecto!> Flor-de-Granada dijo: «De modo que, en vista de las alabanzas que de ti les hice, mi madre, mi her- mano y mis primas experimentan por ti un afecto considerable, y puedo asegurarte que te quieren mucho. ¡Me han dicho que no se conformaban con volver á su país sin haberte visto, haberte presen- tado sus homenajes y formulado sus deseos de paz, y haber charlado contigo amistosamente! ¡Así, pues, te ruego que te prestes a sus deseos, à fin de que les veas y te vean, y reine entre vosotros el afecto puro y la amistad!» Y el rey contestó: ¡Es- cuchar es obedecer, porque también es ese mi de- seo! Y al instante se levantó y acompañó á Flor- de-Granada á la sala en que se hallaban sus pa- rientes. Y en cuanto entró les deseó la paz de la manera. más cordial, y le devolvieron ellos la zalema; y besó él la mano de la vieja reina Langosta, y abrazó al príncipe Saleh, y los invitó á todos sentarse. Entonces le cumplimentó el príncipe Sa- leh, y le manifestó la alegria que experimentaban todos por ver à Flor-de-Granada convertida en esposa de un gran rey, en vez de haber caido en las manos de un bruto que la habría desflorado © Biblioteca Valenciana (Generalitat Valenciana)
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