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Página:Las mil noches y una noche v12.djvu/162

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LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE

dijo: <Por lo visto, ¡oh rey! te asustaste mucho al verme saltar y hundirme en el mar con el peque- ñuelo. Y contestó el rey: Si, por cierto, ¡oh hijo del tío! ¡fué extremado mi espanto, y hasta deses- peraba de volver á verle nunca sano y salvo!>> El príncipe Saleh dijo: <En adelante, no tengas por él ningún temor, porque está para siempre al abrigo de los peligros del agua, del ahogo, de la asfixia, de la humedad y de otras cosas parecidas, y du- rante toda su vida podrá sumergirse en el mar y pasearse por él á su antojo; pues le hice adquirir el mismo privilegio que tienen nuestros propios hijos nacidos en el mar, y para ello le he frotado las pestañas y los párpados con cierto kohl que conozco, pronunciando sobre él las palabras miste- riosas grabadas en el sello de Soleimán ben-Daúd (¡con ambos la plegaria y la paz!) Después de pronunciado este discurso, el prin- cipe Saleh entregó el pequeñuelo á su madre, que le dió de mamar; luego sacó de su cinturón el prín- cipe un saco que tenía la boca sellada, é hizo sal- tar el sello, y habiéndolo abierto, lo cogió por la parte de abajo y vertió sobre la alfombra el conte- nido. Y el rey vió titilar diamantes grandes como huevos de paloma, barras de esmeralda de medio pie de longitud, sartas de perlas gordas, rubies de talla y color extraordinarios y toda clase de joyas á cuál más maravillosas. Y todas estas piedras lanzaban mil fulgores multicolores que alumbra- ban la sala con una armonía de luces semejantes á © Biblioteca Valenciana (Generalitat Valenciana)