las que se ven en sueños. Y el príncipe Saleh dijo al rey: Esto es un regalo que traigo, para que me <dispenséis de haber venido aquí la vez primera con las manos vacías. ¡Pero entonces no sabia yo dónde se encontraba mi hermana Flor-de-Grana- da, y no podía figurarme que su feliz destino la hubiese puesto en el camino de un rey como tú! ¡Este regalo, sin embargo, no es nada en compa ración de los que pienso hacerte en dias venide- ros! Y el rey no supo cómo dar gracias a su cuñado por aquel regalo, y encaróse con Flor-de- Granada, y le dijo: Verdaderamente, estoy en extremo confuso por la generosidad de tu hermano para conmigo, y por la magnificencia de este re- galo, que no tiene igual en la tierra, y una de cu- yas piedras sola vale tanto como mi reino entero!> Y Flor-de-Granada dió las gracias a su hermano por haber pensado en cumplir con los deberes de parentesco; pero él encaróse con el rey, y le dijo: ¡Por Alah, joh rey! que no es digno de tu rango esto! En cuanto à nosotros, jamás podremos pagar lo bastante las deudas que tu bondad nos hizo con- traer contigo; y aunque mil años nos pasáramos todos nosotros sirviéndote por encima de nuestras caras y de nuestros ojos, no podríamos devolverte lo que te debemos; porque todo es poco en propor- ción de los derechos que sobre nosotros tienes.> A Al oir estas palabras, el rey abrazó al princips Saleh, y le dió gracias calurosamente. Luego le obligó á permanecer todavía en el palacio con su TOMO XII © Biblioteca Valenciana (Generalitat Valenciana) 11
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