conseguir que el rey olvidara un poco la muerte de su padre, y le decidieron à que reanudara sus sesiones del diván y se ocupara de los asuntos de su reino. Y les escuchó él, y tras mucha resisten- cia, consintió en vestir de nuevo sus trajes reales, recamados de oro y constelados de pedrerías, y ceñir la diadema. Y empuñó otra vez la autoridad é hizo justicia con la aprobación universal y el respeto de grandes y pequeños; y así se pasó otro año. . Pero una tarde, el principe Saleh, que desde ha- cía algún tiempo no había vuelto á ver á su her- mana y á su sobrino, salió del mar y entró en la sala donde se hallaban en aquel momento la reina y Sonrisa-de-Luna. Y les hizo sus zalemas y les besó; y Flor-de-Granada le dijo: <10h hermano mio! ¿cómo estás, y cómo está mi madre, y cómo están mis primas? El principe contestó: ¡Oh hermana mía! [están muy bien y viven en la tranquilidad y el contento, y no les falta mas que ver tu rostro y el rostro de mi sobrino el rey Sonrisa-de-Luna!> Y se pusieron á charlar de unas cosas y de otras, comiendo &vellanas y alfonsigos; y el principe Saleh empezó á hablar, con grandes alabanzas, de las cualidades de su sobrino Sonrisa-de-Luna, de su belleza, de sus encantos, de sus proporciones, de sus modales exquisitos, de su destreza en los torneos y de su sabiduría. Y el rey Sonrisa-de- Luna, que estaba allí acostado en el diván y con åa cabeza apoyada en los almohadones, al oir lo Biblioteca Valenciana (Generalitat Valenciana)
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Apariencia