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Página:Las mil noches y una noche v12.djvu/170

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LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE

que decían de él su madre y su tío, no quiso apa- rentar que les escuchaba, y fingió dormir. Y de aquella manera pudo oir cómodamente lo que se- guían diciendo acerca de él. En efecto, al ver dormido á su sobrino, el prín- cipe Saleh habló con más libertad á su hermana Flor-de-Granada, y le dijo: ¡Olvidas, hermana. mía, que pronto va á cumplir tu hijo diez y siete айов, у que esa ya es edad de pensar en casar & los hijos! Por eso al verle tan hermoso y tan fuerte, como sé que á su edad se tienen necesidades que es preciso satisfacer de una manera ó de otra, temo que le sucedan cosas desagradables. ¡Es de todo punto necesario, pues, casarle, buscándole en- tre las hijas del mar una princesa que le iguale en encantos y en belleza!» Y contestó Flor-de- Granada: ¡Ciertamente, es también ese mi inti- mo deseo, porque no tengo mas que un hijo, y ya es tiempo de que él tenga asimismo un heredero para el trono de sus padres! ¡Te ruego, pues, job hermano mío! que traigas à mi memoria las jóve- nes de nuestro país, porque hace tanto tiempo que abandoné el mar, que ya no me acuerdo de las que son hermosas y de las que son feas!» Entonces Sa- leh púsose á enumerar á su hermana las princesas más hermosas del mar, una tras otra, aquilatando cuidadosamente sus cualidades, y el pro y el con- tra, y las ventajas y desventajas. Y á cada vez contestaba la reina Flor-de-Granada: «¡Ah, no; no quiero á esta por su madre, ni á esa por su padre, © Biblioteca Valenciana (Generalitat Valenciana)