ni á aquella por su tía, que tiene la lengua muy larga; ni á aquella otra por su abuela, que huele mal; ni á la de más allá, por su ambición y sus ojos vacios!> Y así, sucesivamente, fué rehusando á to- das las princesas que Saleh le enumeraba. Entonces le dijo Saleh: ¡Oh hermana mia, ra- zón te asiste para contentarte difícilmente al esco- ger esposa á tu hijo, que no tiene igual en la tierra ni debajo del mar! ¡Pero ya te he enumerado todas las jóvenes disponibles, y no me queda por propo- nerte mas que una!» Luego se interrumpió, y dijo, dudando: «Antes conviene que me cerciore de que mi sobrino está bien dormido; porque no puedo hablarte de esa joven delante de él: ¡tengo mis mo- tivos para tomar esta precaución!….. En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
PERO CUANDO LLEGÓ LA 536. NOCHE
Ella dijo:
>...no puedo hablarte de esa joven delante de él: ¡tengo mis motivos para tomar esta precau- ción!>
Entonces Flor-de-Granada se acercó á su hijo, y le tentó, y le palpó, y le escuchó respirar; y como