parecía él sumido en un sueño pesado, pues había comido un guiso de cebollas que le gustaba mucho y que le procuraba de ordinario una siesta muy profunda, la reina dijo á Saleh: Duerme! ¡Puedes explicar lo que tengas que proponer!> El principe dijo: <Has de saber oh hermana mial que si tomo esta precaución es porque tengo que hablarte aho- ra de una princesa del mar que es extremadamente difícil de obtener en matrimonio, no por ella, sino por su padre, el rey. Por eso no conviene que mi Bobrino oiga hablar de ella mientras no estemos Beguros de la cosa; porque ya sabes ¡oh hermana mia! que el amor se transmite por el oído con más frecuencia que por los ojos entre nosotros los mu- sulmanes, cuyas mujeres é hijas llevan tapado el rostro con el valo púdico. Y dijo la reina: «¡Oh hermano mío, tienes razón! ¡porque el amor al principio es un poco de miel que no tarda en trans- formarse en un vasto mar salado de perdición! ¡Pero, por favor, dime pronto el nombre de esa princesa y de su padre!> Saleh dijo: «Es la prin- cesa Gema, hija del rey Salamandra el marino.> >>> Al escuchar este nombre, exclamó Flor-de- Granada: ¡Ah! ¡ya me acuerdo ahora de esa princesa Gema! Cuando yo habitaba todavía en el mar, era ella una niña de un año apenas, pero hermosa entre todas las niñas de su edad. ¡Qué maravillosa debe estar ahora! Saleh contestó: R [Maravillosa es, en verdad, y ni sobre la tierra ni en los reinos que hay debajo de las aguas, se © Biblioteca Valenciana (Generalitat Valenciana)
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Apariencia