princesa, sobre todo delante del hijo de tu herma- na, aunque estuviese dormido por un narcótico!» Saleh contestó: *1 Así es; pero la cosa ya está hecha, y el joven se halla tan enamorado de la joven, que moriría si no la poseyese, según me ha afirmado! Y después de todo, ¿qué tiene esto de ex- traordinario? ¡Sonrisa-de-Luna es tan hermoso, por lo menos, como la princesa Gema, y desciende de un ilustre linaje de reyes, y él mismo es rey de un poderoso Imperio terrestre! ¡Porque no es el único rey ese estúpido Salamandra! Y además, ¿qué po- dría éste replicar á lo que yo no respondiese cum- plidamente? ¡Me dirá que su hija es rica, y le diré que nuestro hijo es más rico! ¡Que su hija es her- mosa; pero nuestro hijo es más hermoso! ¡Que su hija es de noble linaje; pero nuestro hijo es de un linaje todavía más noblel ¡Y así sucesivamente, joh madre mía! hasta que le convenza de que todo es beneficioso para él si consiente en ese matrimonio! ¡Al fin y al cabo, yo, por mi indiscreción, soy el causante de esto, y justo es que me comprometa á llevarlo á buen término, aun á riesgo de que me muelan los huesos y me vea precisado á rendir el almal. Y al ver que, efectivamente, ya no quedaba mas que aquella solución, la vieja reina Langosta dijo suspirando: ¡Cuán preferible hubiese sido, hijo mío, no suscitar nunca una cuestión tan peligrosa! Sin embargo, puesto que así lo quiso e! Destino, me resigno, aunque de mala gana, à permitirte mar- char. ¡Pero deja conmigo á Sonrisa-de-Luna hasta © Biblioteca Valenciana (Generalitat Valenciana)
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