deseos de paz con las maneras más escogidas, y depositó á sus pies los dos sacos grandes llenos de magníficos regalos que llevaban á la espalda los esclavos. Y al ver aquello, el rey correspondió á los deseos de paz de Saleh, le invitó á sentarse, y le dijo: ¡Bien venido seas, príncipe Saleh! ¡Hace ya mucho tiempo que no te veo, lo cual me entristecía bastante! ¡Pero date prisa ya á pedirme lo que te haya impulsado á venir á verme, porque cuando se hace un regalo, siempre es con la esperanza de obtener en cambio una cosa equivalente! ¡Habla, pues, y veré si puedo hacer algo por ti!» Entonces Saleh se inclinó profundamente ante el rey por segunda vez, y dijo: Sí, estoy comisionado para una cosa que no quiero obtener mas que de Alah y del rey magnánimo, del valiente león, del hombre generoso que ha extendido la fama de su gloria, de su magnificencia, de su liberalidad, de su esplendidez, de su clemencia y de su bondad, á lo largo de las tierras y los mares, haciendo que hablen de ella por la tarde con admiración las caravanas debajo de las tiendas de campaña!» Y al oír este discurso, el rey Salamandra, muy preocupado, frunció las cejas, y dijo: «¡Presenta tu demanda, ¡oh Saleh! pues entrará en un oído sensible y en un espíritu bien dispuesto! Si puedo satisfacerte, lo haré inmediatamente; pero si no puedo, no será por mala voluntad. ¡Porque Alah ¡oh Saleh! no pide á un alma lo que rebasa de su capacidad!» Entonces Saleh se inclinó
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Apariencia