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Página:Las mil noches y una noche v12.djvu/183

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HISTORIA DE FLOR-DE-GRANADA

ante el rey más profundamente todavía que las dos veces anteriores, y dijo: ¡Oh rey del tiempo, en verdad que lo que tengo que pedirte puedes conce- dérmelo, pues depende de tu poder y de tu única autoridad! ¡Y claro es que no me hubiera aventu- rado á venir á pedirtelo si de antemano no tuviese la certeza de que cabía en las posibilidades! Por- que ba dicho el sabio: ¡Si quieres que se te atien- da, no pidas lo imposible! ¡Y yo joh rey! (¡Alah te conserve para dicha nuestra!) no soy un demen- te ni un importuno! ¡Helo aquí, pues! ¡Sabe ¡oh rey lleno de gloria! que vengo a ti solamente como intermediario! ¡Y lo hago joh rey magnánimo! ¡oh generosol joh el más grande! para pedirte la perla única, la joya inestimable, el tesoro sellado, tu hija la princesa Gema, en matrimonio para mi sobrino el rey Sonrisa-de-Luna, hijo del rey Schahramán y de mi hermana la reina Flor-de-Granada, y señor de la Ciudad Blanca y de los reinos terrestres que se extienden desde las fronteras de Persia hasta los límites extremos del Khorassán!>

Cuando el rey Salamandra el marino hubo oído este discurso de Saleh, echóse á reir de tal manera, que se cayó de trasero, y en el suelo siguió convul- sionándose y estremeciéndose à la vez que agitaba las piernas en el aire. Tras de lo cual se levantó, y mirando á Saleh en silencio, le gritó de pronto: ¡Hola! ¡hola!» Y de nuevo se echó á reir convul- so, y con tanta fuerza y durante tanto tiempo, que acabó por soltar un cuesco retumbante. Y así fué