PERO CUANDO LLEGO LA 497. NOCHE
Ella dijo:
... veinte negros, veinte mozos y cuatro esclavas jóvenes.
Al día siguiente, hizo Abu-Sir que proclamaran por toda la ciudad los pregoneros públicos: <¡Oh criaturas de Alah, acudid todos á tomar un baño en el hammam del sultán! ¡No se pagará nada du- rante tres días!» Y durante tres días se agolpo en el establecimiento una multitud enorme que en vano deseaba tomar un baño en el hammam llamado Hammam del Sultán. Pero al llegar la mañana del cuarto día el propio Abu-Sir se instaló detrás de la caja, en la puerta del hammam, y empezó á cobrar la entrada, cuyo precio se dejó á la buena voluntad de los que salían del baño. Y por la tarde había conseguido Abu-Sir llenar la caja con lo que le die- ron los clientes, con asentimiento de Alah (¡exalta- do sea!) Y de aquella manera comenzó á acumular los montones de oro que le deparaba su destino.
¡Eso fué todo! Y la reina, que oyó á su esposo el rey hablar con entusiasmo de aquellos baños, de- terminó tomar uno como prueba. É hizo que previ- nieran de su intención á Abu-Sir, quien, para com- placerla y atraerse también la clientela de las mu-