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Página:Las mil noches y una noche v12.djvu/194

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LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE

Y dijo para su ánima sensible: Mejor será que le lleve á un paraje donde no pueda morir de manera tan cruel y donde aguarde su destino! ¡Porque quién sabe si mi ama no se arrepentirá pronto de su primer impulso, una vez calmada su cólera, y me regañará por haberle obedecido con demasiada diligencia! Y en vista de eso, transportó al cauti- vo á una isla verdeante, cubierta de toda clase de árboles frutales y regada por frescos arroyos, y le abandonó allí para volver al lado de su ama.

Pero dejemos por el momento en la isla verde al pájaro, y en la otra isla á la princesa Gema, y veamos lo que fué del príncipe Saleh, vencedor de Salamandra.

Una vez que hizo encadenar al rey Salaman- dra, le encerró en uno de los aposentos del pala- cio, y se hizo proclamar rey en lugar del otro. Luego se apresuró á buscar por todas partes á la princesa Gema; pero claro es que no la encontró. Y cuando vió que eran inútiles todas sus pesquisas, regresó á su antigua residencia para poner & su madre la reina Langosta al corriente de lo que acababa de pasar. Después le preguntó: <¡Oh ma- dre mía! ¿dónde está mi sobrino el rey Sonrisa-de- Luna? Ella contestó: ¡No sé! Debe estar paseando con sus parientes. ¡Pero voy á enviar en seguida á buscarlet Y cuando decía estas palabras, entraron las parientes sin que estuviese él entre ellas. Y en- viaron á buscarle por todas partes; pero claro es que en ninguna parte le encontraron. Entonces fué