mas, y dijo: ¡Hija mía, no te entristezcas con ex- ceso el alma por esta aventura, pues no hay razón para que tu hermano no encuentre por fin á tu hijo Sonrisa-de-Luna! En cuanto á ti, si quieres verda- deramente á tu hijo y velas por sus intereses, lo mejor que puedes hacer es volver á tu reino, para dirigir los asuntos y mantener secreta para todos la desaparición de tu hijo. ¡Y Alah proveerá!> Y Flor-de-Granada contestó: Tienes razón, madre mia. ¡Emprenderé el regreso! ¡Pero por favor te ruego que no ceses de pensar en mi hijo, y que no desmaye nadie en las pesquisas! ¡Porque si le su- cediera algún mal, moriría sin remisión yo, que sólo veo la vida à través de él y sólo cuando le veo disfruto de alegrial> Y contestó la reina Lan- gosta: ¡Claro, hija mía, que lo haré de todo cora- zón afectuoso! ¡No tengas, pues, ningún temor por eso, y tranquiliza completamente tu espíritu!> En- tonces Flor-de-Granada se despidió de su madre, de su hermano y de sus primas, y con el pecho muy oprimido y el alma muy triste, regresó á su reino y á su ciudad...
En este momento de su narración, Schahrazada
vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.