PERO CUANDO LLEGO LA 545.ª NOCHB
Ella dijo:
...Sonrisa-de-Luna creía percibir en los gritos que daban como una vaga salmodia en lenguaje árabe, y que se parecia à la que recitan ante los muertos los lectores del Korán.
Y sin saber ya si estaba dormido ó despierto, ni Bi todo aquello era sólo una ilusión engañosa del es- tado en que se hallaba, Sonrisa-de-Luna empezó á caminar como en sueños, y llegó de tal suerte á la puerta de la ciudad encaramada en la cima de la colina. Y vió sentado á la entrada de una droguería un jeique de barba blanca, al cual se apresuró á desear la paz. Y el jeique, por su parte, al verle tan hermoso, quedó en extremo asombrado, y se levantó, le devolvió la zalema y en seguida hizo seña á los cuadrúpedos de que se alejaran. Y se alejaron, volviendo la cabeza de vez en cuando, como para indicar la intensidad de su pena; luego se dispersaron por todos lados y desaparecieron.
Entonces, interrogado por el viejo jeique, Son- risa-de-Luna contó su historia en pocas palabras, y dijo al jeique después: ¡Oh venerable tio mio! ¿puedes á tu vez decirme qué ciudad es esta ciu- dad y quiénes son esos extraños cuadrúpedos que