me acompañaban lamentándose? El jeique con- testó: Hijo mio, entra antes en mi tienda y sién- tate! Porque debes estar necesitado de alimento. ¡Y después te diré lo que pueda decirte!> Y le hizo entrar y sentarse en un diván al extremo de la tienda, y le llevó de comer y de beber. Y cuando se hubo refrigerado y refrescado, le besó entre los dos ojos, y le dijo: «Da gracias joh hijo mio! á Alah, que te hizo encontrarte conmigo antes de que te viera la reina de aquí! ¡Si no te dije nada hasta ahora, fué porque temía turbarte é impedirte así que comieras con gusto! ¡Pues has de saber que esta ciudad se llama la Ciudad de los Encantamien- tos y que la que aqui reina se llama la reina Alma- nakh! ¡Es una maga formidable, una encantadora extraordinaria, una verdadera cheitana! ¡Y he aquí que el deseo la abrasa sin cesar! Y cada vez que encuentra á un extranjero joven, fuerte y her- moso que desembarca en esta isla, le seduce y se hace cabalgar y copular muchas veces por él du- rante cuarenta días y cuarenta noches. Pero como al cabo de ese tiempo le ha agotado completamen- te, le metamorfosea en animal. Y como bajo esta nueva forma de animal recupera él fuerzas nue- vas y potentes virtudes, se metamorfosea ella mis- ma á su antojo, cada vez en el animal que la con- viene, yegua ó burra, y se hace copular así por el asno ó el caballo una cantidad innumerable de veces. Tras de lo cual recobra su forma humana, para tener nuevos amantes y nuevas victimas en-
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Apariencia