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Página:Las mil noches y una noche v12.djvu/208

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LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE

Sonrisa-de-Luna se sintió como atravesado por una azagaya ó abrasado por un carbón ardiendo. Y la joven reina se encaró con el jeique, y le dijo: «¡Oh jeique Abderraman! ¿de dónde has sacado semejante joven? El jeique contestó: Es hijo de mi hermano. ¡Acaba de llegar de viaje á casa!» Ella dijo: «Es muy hermoso, ¡oh jelque! ¿Querrías prestármele solamente por una noche? ¡Sólo hablaré con él, y nada más, y te le devolveré intacto maňana por la mañana! El jeique dijo: «¿Me juras que jamás tratarás de hechizarle?» Ella contestó: «¡Lo juro ante el señor de los magos y ante ti, venerable tío!» É hizo dar como regalo al jeique mil dinares de oro para mostrarle su gratitud, y mandó que montaran á Sonrisa-de-Luna en un maravilloso caballo cubierto de pedrerías, y le llevó con ella al palacio. Y aparecía en medio del cortejo cual la luna en medio de estrellas.

Y he aquí que Sonrisa-de-Luna, que se resignaba á dejar obrar al Destino en adelante, no decía una palabra y se dejaba conducir, sin exteriorizar sus sentimientos en manera alguna.

Y la maga Almanakh, que sentía arder sus entrañas por aquel joven mucho más de lo que nunca habían ardido por sus pasados amantes, se apresuró á conducirle à una sala que tenía las paredes de oro y el ambiente refrescado por un salto de agua que brotaba de una pila de turquesa. Y fué á echarse con él en un amplio lecho de marfil, donde empezó á acariciarle de una manera tan extraor-