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Página:Las mil noches y una noche v12.djvu/216

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LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE

casarme sólo con la princesa Gema, bija de Sala- mandra! ¡Porque es, en verdad, una verdadera gema como indica eu nombre!» Y contestó la vieja abuela: <Ahora es sencilla la cosa, porque segui- mos teniendo prisionero en su palacio al padre.> Y al punto mandó á buscar à Salamandra, al cual hicieron entrar los esclavos encadenado de manos y pies. Pero Sonrisa-de-Luna ordenó que le des- encadenaran; y en el momento se ejecutó la orden.

Entonces Sonrisa-de-Luna acercóse á Salaman- dra, y después de excusarse por haber sido toda la causa de los males que sobrevinieron, le cogió la mano, besándosela con respeto, y dijo: ¡Oh rey Salamandra! ya no es un intermediario quien te pide que le hagas el honor de tu alianza, sino yo mismo, Sonrisa-de-Luna, rey de la Ciudad-Blanca y del mayor Imperio terrestre, quien te besa las manos y te pide en matrimonio á tu hija Gema. Y si no quieres concedérmela, moriré. ¡Y si aceptas, no solamente volverás à ser rey de tu reino, sino que yo mismo seré tu esclavo!>

Al oir estas palabras, Salamandra besó á Son- risa-de-Luna, y le dijo: <En verdad joh Sonrisa-de- Luna! que ninguno se merece à mi hija mejor que tú. ¡Además, como está ella sometida á mi autori- dad, aceptará de buen grado! De modo que man- daré á buscarla en la isla donde está refugiada desde que se me ha desposeido del trono. Y di- ciendo estas palabras, hizo llegar del mar á un emisario, al cual encargó que fuera inmediatamen-