ta, y tu afecto vigilante es la sombra en que me co- bijo! ¡Y puesto que tal es tu deseo, en adelante esta- rá en mis ojos la imagen del que escogiste para mi, en mi boca su nombre, y en mi corazón su morada!>
Cuando las parientes de Sonrisa-de-Luna y las demás damas presentes hubieron oído estas pala- bras, atronaron el palacio con sus gritos de alegria y sus lu-lúes penetrantes. Después el rey Saleh y Flor-de-Granada mandaron llamar al kadi y á los testigos para extender el contrato de matrimonio del rey Sonrisa-de-Luna y la princesa Gema. Y se celebraron las nupcias con gran pompa y con tal fausto, que durante la ceremonia cambiaron nueve veces de ropa à la recién casada. Por lo de- más, saldrían pelos á la lengua antes de poder ha- blar de ello como es debido. Así, pues, gloria & Alah, que une entre sí las cosas bellas, y no retra- sa la alegría mas que para otorgar la dicha!
Cuando Schahrazada hubo acabado de contar esta
historia, se calló. Entonces exclamó la pequeña Donia-
zada: ¡Oh hermana mía! ¡qué dulces y amables y sabro-
B&B son tus palabras! ¡Y cuán admirable es esa historia!>
Y el rey Schahriar dijo: «¡Verdaderamente, ¡oh Schahra-
zada! me enseñaste muchas cosas que ignoraba yo! Por-
que hasta ahora no supe bien lo que sucede debajo de
las aguas. ¡Y me han satisfecho plenamente la historia
de Abdalah del Mar y la de Flor-de-Granada! Pero, joh
Schahrazada! ¿No sabes alguna historia del todo diabó-
lica? Y Schahrazada sonrió, y contestó: <¡Precisamente,
joh rey! sé una que voy á contarte en seguida!»