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Página:Las mil noches y una noche v12.djvu/22

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LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE

avanzó hacia Abu-Sir, que ya habiase levantado en honor suyo, y le dijo con un tono de amistoso reproche: ¡Hola, Abu-Sir! ¿Es esa la conducta de un amigo y el proceder de un hombre que conoce los buenos modales y la galanteria? ¡Sabes que soy el tintorero titular del rey y uno de los perso- najes más ricos é importantes de la ciudad, y no eres para ir nunca á verme y á saber noticias mías! Y ni siquiera se te ha ocurrido preguntarte: ¿Qué habrá sido de mi antiguo camarada Abu- Kir? ¡Y en vano pregunté por ti en todas partes y envié en tu busca á mis esclavos por todos lados, por khanes y por tiendas, pues ninguno pudo in- formarme acerca de tu persona ni ponerme sobre tu pista!> Al oir Abu-Sir estas palabras, bajó con gran tristeza la cabeza, y contestó: ¡Ya Abu-Kir! ¿es que olvidaste el trato que me hiciste sufrir cuando fuí á verte y los golpes que me propinaste y el oprobio con que me cubriste delante de gente, llamándome ladrón, traidor y miserable?> Y Abu- Kir se puso muy serio, y exclamó: ¿Qué dices? ¿Acaso eres tú aquel hombre á quien pegué?» El barbero repuso: ¡Claro que era yo!> Abu-Kir en- tonces empezó á jurar con mil juramentos que no le había reconocido, diciendo: «¡Sin duda te con- fundi con otro, con un ladrón que ya hubo de in- tentar no sé cuántas veces escamotearme mis telas! ¡Estabas tan delgado y tan amarillo, que me fué imposible reconocerte!> Luego empezó á lamentar- se por su acto y á dar palmadas, diciendo: <[No