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Página:Las mil noches y una noche v12.djvu/223

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LA VELADA DE INVIERNO DE ISHAK...

©ir cantar á algún hombre del pueblo ó á algún mendigo de la calle. ¿Quieres, pues, ir á ver si pasa por tu puerta alguno que pueda satisfacer- me?» Y por no desairarla, y aunque estaba con- vencido de que en una noche semejante no pasada nadie por la calle, fui á entreabrir la puerta de mi casa y Baque la cabeza por la abertura. Y con gran sorpresa mía, vi apoyado en su báculo un mendigo viejo, que desde la muralla de enfrente decía, hablando consigo mismo: <¡Qué estrépito produce esta tempestad! ¡El viento se lleva mi voz, é impide que me oiga la gente! ¡Qué desgracia la del pobre ciego! ¡Si canta, no le escuchan! ¡Y si no canta, se muere de hambre!» Y habiendo dicho estas palabras, el viejo ciego empezó á tantear el suelo con su báculo, arrimado al muro, para pro- seguir su camino.

Entonces le dije, asombrado y encantado k la vez por aquel encuentro fortuito: «¡Oh tío mió! ¿es que sabes cantar?» EL contestó: «Tengo fama de saber cantar.» Y le dije: «En ese caso, ¡oh jeiquel ¿quieres acabar tu noche con nosotros y regocijar- nos con tu compañía?» ÉL me contestó: «¡Si lo de- seas, cógeme de la mano, porque soy ciego de ambos ojos!» Y le cogí de la mano, y después de introducirle en la casa, cerrando la puerta cuida- dosamente, dije á mi amiga: «¡Oh dueña mía, te traigo un cantor que además está ciego! Podrá complacernos sin ver lo que hacemos. Y no ten- drás que estar incómoda ni velarte el rostro,» Ella