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Página:Las mil noches y una noche v12.djvu/225

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LA VELADA DE INVIERNO DE ISHAK...

mi huésped, no juzgué oportuno responderle, y no dije ya nada. Entonces me dijo él: ¿No canta ni toca nadie? ¿Es que no hay aquí ningún otro?, Yo dije: <Hay también una esclava joven. Él dijo: <¡Ordénala que cante para que yo la oiga!> Yo dije: «¿Por qué ha de cantar, si ya te basta con lo que oiste?> Él dijo: «¡Que cante, à pesar de todo!» En- tonces, aunque de muy mala gana, mi amiga la joven cogió el laúd, y después de preludiar dies- tramente, cantó como mejor supo. Pero el viejo mendigo la interrumpió de pronto, y dijo: <¡Toda- vía tienes mucho que aprender!> Y mi amiga tiró el laúd lejos de sí, furiosa, y quiso levantarse. Y sólo á duras penas conseguí retenerla, echándome á sus pies. Luego me encaré con el mendigo ciego, y le dije: ¡Por Alah, oh huésped mío! ¡nuestra alma no puede dar mas que lo suyo! Sin embargo, lo hicimos como mejor sabemos por satisfacerte. ¡Exhibe tú á tu vez, por cortesía, lo que poseas!> Sonrió él con una boca que le llegaba de una oreja á otra, y me dijo...


En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.