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Página:Las mil noches y una noche v12.djvu/227

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LA VELADA DE INVIERNO DE ISHAK...

Cuando escuchamos este canto del viejo ciego, yo y mi amiga nos miramos en el límite de la estu- pefacción. Luego ella se puso roja de cólera y me dijo de manera que yo solo la oyese: Oh pérfido! ¿no te da vergüenza haberme traicionado contando á ese viejo mendigo mi visita en los cortos instan- tes que tardaste en abrir la puerta? ¡En verdad, ¡oh Ishak! que no creí tuviese tu pecho una resistencia tan débil, que no pudiera contener un secreto du- rante una hora! ¡El oprobio para los hombres que se te asemejan!> Pero yo le juré mil veces que no había por mi parte ninguna indiscreción, y le dije: <Por la tumba de mi padre Ibrahim, te juro que no he dicho nada de semejante cosa á ese viejo ciego!> Y mi amiga se avino á creerme, y acabó dejándo- se acariciar y besar por mi, sin temor de que la viese el ciego. Y tan pronto la besaba yo en las me- jillas y en los labios, como la hacía cosquillas ó la pellizcaba los senos ó la mordía en las partes deli- cadas; y se reía ella extremadamente. Luego me en- caré con el viejo tio, y le dije: «¿Quieres cantarnos algo más, ¡oh mi señor!?» Él dijo: ¿Por qué no?> Y cogió de nuevo el laúd, y dijo, acompañándose:

¡Ah! ¡con frecuencia recorro embriagado los en- cantos de mi bienamada, y acaricio con mi mano su hermosa piel desnuda!

¡Tan pronto oprimo las granadas de su pecho de marfil joven, como muerdo á flor de labio las man- zanas de sus mejillas! ¡Y vuelvo á comenzar!