hay recurso ni poder mas que en Alah el Glorioso, el Exaltado! ¿Cómo pude equivocarme de aquella manera? Pero la culpa es principalmente tuya por no haberme revelado tu nombre cuando me reco- nociste, diciéndome: ¡Yo soy tu amigo!» máxime estando yo aquel dia completamente distraído y fuera de mis casillas à causa del trabajo que sobre mi pesaba. ¡Por Alah sobre ti, te ruego, pues, joh hermano mío! que me perdones y te olvides de aquello, que estaba escrito en nuestro Destino!> Abu-Sir contestó: ¡Que Alah te perdone, oh com- pañero mio! porque aquello fué, efectivamente, un designio secreto del Destino, ¡y la reparación está en Alah! El tintorero dijo: <¡Perdóname del todo!> El barbero contestó: «¡Libre Alah tu conciencia como te libro yo de tu culpa! ¿Qué podemos nos- otros contra los designios tomados desde el fondo de la eternidad? ¡Entra, pues, al hammam, quitate la ropa y toma un baño que esté para ti lleno de delicias y de frescura...
En este momento de su narración, Schahrazada
vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.