fué para volver poco tiempo después, acompañada de una vieja que estuvo presente durante la venta, y que volvió luego con ella cuantas veces la joven tenía necesidad de hacer una compra.
Yo, entonces, como el amor se había apoderado por completo de mi corazón, llamé aparte á la vie- ja y le dije: ¿Podrías proporcionarme un goce con ella, mediante un regalo para ti?» La vieja me con- testó: «Podría procurarte un encuentro para que gozaras; pero ha de ser con la condición de que la cosa permanezca secreta entre nosotros tres: yo, tú y ella; y además, tendrás que gastarte algún di- nero.» Contesté: ¡Oh caritativa tía! si mi alma y mi vida debieran ser el precio de sus favores, mi alma y mi vida le daría. ¡Y en cuanto al dinero, poco importa lo que sea!> Y me puse de acuerdo con ella para darle, como comisión, la suma de cincuenta dinares; y se los conté en el momento. Y ultimado de tal suerte el trato, la vieja me dejó para ir á hablar á la joven; y volvió en seguida con una respuesta favorable. Luego me dijo: «¡Oh mi amo! esta joven no dispone de un sitio para se- mejantes encuentros, porque aún está virgen su persona, y no sabe nada de tales cosas. ¡Es preci- so, pues, que la recibas en tu casa, adonde irá á buscarte y se quedará hasta mañana!» Y yo acepté con fervor, y me fui à la casa para preparar lo necesario en cuanto á manjares, bebidas y reposte- ría. Y me puse á esperar.
Y pronto vi llegar á la joven franca, y le abri,