Dios que Alah, y que Mahomed es el enviado do
Alah! Y pronunció así oficialmente el acto de
nuestra fe, ¡y en el momento se ennobleció con el
Islam!
Entonces, pensé yo, por mi parte: ¡Por Alah!
que esta vez no penetraré en ella hasta que la haya
libertado y me haya casado con ella legalmente!>
Y al momento fuí en busca del kadi Ibn-Scheddad,
à quien puse al corriente de todo el particular, y
que fué á mi tienda con los testigos para extender
mi contrato de matrimonio.
Entonces penetré en ella. Y se quedó encinta
de mí. Y nos establecimos en Damasco.
Habían transcurrido de tal suerte algunos me-
ses, cuando llegó á Damasco un embajador del rey
de los francos, enviado cerca del sultán Saladino,
on demanda del cambio de prisioneros de guerra
con arreglo á las cláusulas estipuladas entre los
reyes. Y todos los prisioneros, hombres y mujeres,
fueron escrupulosamente devueltos á los francos
á cambio de prisioneros musulmanes. Pero cuando
el embajador franco consultó su lista, notó que del
total faltaba aún la mujer del jinete franco, aquel
que era el primer marido de mi esposa. Y el sultán
envió á sus guardias á buscarla por todas partes,
y acabaron por decirles que estaba en mi casa. Y
los guardias fueron á reclamármela. Y se me mudó
el color, y fui llorando en busca de mi esposa, à la
que puse al corriente de lo sucedido. Pero ella se
levantó, y me dijo: ¡Llévame á presencia del sul-
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LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE