tán, á pesar de todo! ¡Yo sé lo que tengo que decir entre sus manos!» Así, pues, cogiendo á mi esposa, la conduje, velada, á la presencia del sultán Sala- dino; y vi que el embajador de los francos estaba sentado al lado suyo, á su derecha...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
PERO CUANDO LLEGÓ LA 554. NOCHE
Ella dijo:
...y vi que el embajador de los francos estaba sentado al lado suyo, á su derecha. > Entonces besé la tierra entre las manos del sul- tán Saladino, y le dije: He aquí la mujer consa- bidal Y se encaró él con mi esposa, y le dijo: ¿Qué tienes que decir? ¿Quieres ir á tu país con el embajador, ó prefieres permanecer aqui con tu marido? Ella contestó: Me quedo con mi esposo, porque soy musulmana y estoy encinta de él, y la paz de mi alma no se halla entre los francos!» En- tonces el sultán se encaró con el embajador y le dijo: ¿Lo has oido? ¡No obstante, háblale tú mis- mo, si quieres!» Y el embajador de los francos hizo advertencias y amonestaciones à mi esposa, y aca- bó por decirle: ¿Prefieres quedarte con tu marido