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Página:Las mil noches y una noche v12.djvu/240

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LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE

el musulmán ó volver junto al jefe de caballería de los francos?» Ella contestó: «¡No me separaré de mi esposo el egipcio, porque la paz de mi alma se halla entre los musulmanes!» Y el embajador, muy contrariado, dió con el pie en el suelo, y me dijo: «¡Llévate, entonces, esa mujer!> Y cogí de la mano á mi esposa y sali de la audiencia con ella. Y nos llamó de improviso el embajador, y me dijo: <¡La madre de tu esposa, que es una franca vieja que habita en Acre, me ha entregado para su hija este fardo que ves aquí!» Y me entregó el fardo, y añadió: ¡Y me ha encargado esa señora que dijera á su hija que esperaba encontrarla con buena sa- lud! Cogi, pues, el fardo, y volví á casa con mi esposa. ¡Y cuando abrimos el fardo, hallamos en él las vestiduras que mi esposa llevaba en Acre, además de los primeros cincuenta dinares que yo le había dado y de los otros cien dinares del segundo encuentro, anudados en el mismo pañuelo y con el nudo que yo mismo hice! ¡Entonces advertií en aque- llo la bendición que me había traído mi castidad, y di gracias á Alah!` Más adelante me traje á mi mujer, la franca convertida en musulmana, á Egipto, aquí mismo. Y ella es joh huéspedes mios! quien me ha hecho padre de estos hijos blancos que bendicen á su Creador. ¡Y hasta hoy hemos vivido en nuestra unión, comiendo el pan que hemos cocido antes! ¡Y tal es mi historia! ¡Pero Alah es más sabio!»