canto, sin que le golpeen ni le froten, y que debajo aparece su piel completamente blanca!> Y tras de dar esta receta à su antiguo compañero, Abu-Kir salió del hammam y á toda prisa se dirigió á pa- lacio.
Cuando llegó ante el rey y le hubo presentado sus respetos entre las manos del monarca, le dijo: <Vengo para aconsejarte, joh rey del tiempo!> El rey dijo: ¿Y qué consejo vas á darme?» Abu-Kir contestó: ¡Loores á Alah, que hasta hoy te ha librado de las manos de ese perverso, de ese enemi- go del trono y de la religión, de ese Abu-Sir, due- ño del hammam!» El rey preguntó, muy asombra- do: ¿De qué se trata?» Abu-Kir dijo: <¡ Has de saber ¡oh rey del tiempo! que si por desgracia vuelves á entrar en el hammam, estarás perdido sin remediol El rey dijo: ¿Y por qué?» Con los ojos llenos de terror fingido y con un ademán de espanto, silbó Abu-Kir: ¡Por el venenol Ha pre- parado para ti una pasta compuesta de arsénico amarillo y de cal viva, que sólo con aplicarla al pelo de la piel lo quema como fuego. Y te brindará su pasta, diciéndote: ¡Nada mejor que esta pasta para hacer desaparecer los pelos del trasero con comodidad y sin golpearte en el trasero! ¡Y apli- cará la pasta en el trasero de nuestro rey y le hará morir envenenado por esa parte, que es la parte más dolorosa de todas! ¡Porque ese dueño del bam- mam no es otro que un espia pagado por el rey de los cristianos para arrancar así el alma de nuestro