la encontró llena de peces de todos colores y de todos tamaños. Y se dijo: <¡Por Alah, mucho tiem- po hacía que no comía yo pescado! Voy á coger uno y darlo para que me lo frían á los dos pin- ches de que me ha hablado el capitán.» En efec- to, el capitán del puerto y de los navíos estaba también encargado de suministrar todos los días pescado fresco para la cocina del rey; y como aquel día no pudo atender por sí mismo á su pesca, se lo había encargado á Abu-Sir, y le había habla- do de dos pinches que irian allá para que les en- tregase lo que pescara con destino al rey. Y la primer redada favoreció á Abu-Sir con aquella pesca numerosa. Empezó, pues, antes de entregar eu pesca á los dos mozos que estaban para llegar, por escoger para sí mismo el pez más gordo y más hermoso; y sacó de su cinturón el cuchillo grande que guardaba allí, y atravesó con él de parte á parte las branquias del pez que coleaba. ¡Pero no se sorprendió poco al ver salir, ensartado por la punta del cuchillo, un anillo de oro que el pez ha- bía devorado sin dudal
Al ver aquello, aunque ignoraba las virtudes temibles del tal anillo talismánico, que era preci- samente el que se le salió del dedo al rey cayendo al mar...
En este momento de su narración, Schahrazada
vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.