vándole á la ciudad, le condujo al palacio, presen- tándole al rey.
En aquel momento el rey tenía sesión en su diván y estaba rodeado por la muchedumbre de sus visi- res, emires y consejeros; y aunque se hallaba reple- to de preocupaciones y de rabia hasta lo último á causa de la pérdida de su anillo, no se atrevía á divulgar la cosa ni mandar que se hicieran en el mar pesquisas para encontrarlo, por miedo á que se regocijaran con su calamidad los enemigos del tro- no. Pero cuando vió entrar á Abu-Sir, ya no abri- gó ninguna duda acerca de su proyectada pérdida, y exclamó: <¡Ah miserable! ¿cómo pudiste salir del fondo del mar y escapar á la muertę por ahogo y por combustión?» Abu-Sir contestó: <1Oh rey del tiempo, Alah es el más grande!> Y contó al rey cómo le había salvado el capitán marino, que le estaba agradecido por un baño gratuito, cómo en- contró el anillo y cómo, sin saber el poder de tal anillo, había causado la muerte de los dos mozos abastecedores. Luego añadió: ¡Y ahora joh rey! vengo á devolverte este anillo en prueba de grati- tud por los beneficios que te debo y para demos- trarte que, si tuviese alma de criminal, ya me hu- biera servido de este anillo para exterminar á mis enemigos y matar à su rey! ¡Y te suplico que, para corresponderme, examines con más atención ese crimen que se me imputa y por el cual, aunque es- toy ignorante de él, me condenaste, y que me ha- gas perecer con torturas si resulto verdaderamente