PERO CUANDO LLEGO LA 501. NOCHE
Ella dijo:
...la pasta depilatoria experimentada en los pelos de abajo del gran visir. Y contestó Abu-Sir, con lágrimas en los ojos: ¡Ualah, oh rey del tiem- po! ni conozco al rey de los nazarenos ni en mi vida hollé el suelo del país de los nazarenos. ¡He aquí la verdad!> Y contó al rey cómo el tintorero y él se habían comprometido con un juramento, después de la lectura de la Fatiha del Libro, á ayu- darse mutuamente; cómo partieron juntos, y todas las jugarretas y todas las malas pasadas de que le hizo víctima el tintorero, incluso la paliza que le obligó á sufrir y la receta de la pasta depilatoria que él mismo le había dado. Y añadió: «Sin em- bargo, joh rey! aplicada à la piel esa pasta depila- toría es una cosa infinitamente excelente; y no es venenosa mas que al comerla. ¡En mi tierra, hom- bres y mujeres se sirven sólo de eso, en lugar de la navaja, para hacer desaparecer cómodamente los pelos de abajol ¡En cuanto á las malas pasadas que me jugó y al trato que me hizo sufrir, no ten- drá el rey mas que llamar al portero del khan y á los aprendices de la tintorería para comprobar la verdad de mis asertos anteriores!> Y por compla-