gaste, echaste, injuriaste, acusaste é hiciste morir, en suma!> Y el portero del khan y los aprendices de la tintorería levantaron las manos, y exclamaron: ¡Sí, por Alah! no puedes negar nada de eso. ¡Nos- otros somos testigos ante Alah y ante el rey!> Y el rey dijo: ¡Lo nieguss ó lo declares, no dejarás de sufrir el castigo escrito por el Destino!> Y gritó á sus guardias: ¡Lleváosle, arrastradle de los pies por toda la ciudad, encerradle luego en un saco lleno de cal viva y tiradle al mar, à fin de que muera de muerte doble, por combustión y por as- fixia! Entonces exclamó el barbero: «¡Oh rey del tiempol te suplico que aceptes mi intercesión en favor suyo, porque yo le perdono cuanto me hizo!> Pero le dijo el rey: ¡Si tú le perdonas sus crime- nes contra ti, yo no le perdono sus crímenes contra mi!» Y una vez más gritó á sus guardias: <¡Lle- váosle y ejecutad mis órdenes!»
Entonces los guardias se apoderaron del tinto- rero Abu-Kir, le arrastraron de los pies por toda la ciudad, pregonando sus fechorias, y acabaron por encerrarle en un saco lleno de cal viva y le tiraron al mar. ¡Y murió ahogado y abrasado! Por- que aquel era su Destino.
En cuanto à Abu-Sir, le dijo el rey: ¡Oh Abu- Sir, ahora quiero que me pidas cuanto anheles, y al instante te será concedido!» Abu-Sir contestó: <¡Solamente pido al rey que me envíe à mi patria, porque en adelante me será penoso vivir alejado de los míos, y no tengo gana de quedarme aquí!»