Y aunque muy contrariado por su marcha, pues deseaba nombrarle gran visir en lugar del rollizo y peludo que llenaba este cargo, el rey le hizo preparar un gran navio, que llenó de esclavos de ambos sexos y de ricos presentes, y le dijo al des- pedirse de él: «¿No quieres, entonces, ser mi gran visir?> Y Abu-Sir contestó: «¡Quisiera volver á mi país!> Entonces no insistió más el rey, y se alejó el navío con Abu-Sir y sus esclavos en dirección á Iskandaria.
Y he aquí que Alah les asignó un viaje feliz, y tocaron en Iskandaria con buena salud. Pero, apenas habían desembarcado, uno de los esclavos vió en la playa un saco que el mar arrojó á tierra. ¡Lo abrió Abu-Sir y descubrió dentro el cadáver de Abu-Kir, que habían arrastrado hasta allí las corrientes! Y Abu-Sir le hizo inhumar cerca de allí, á la orilla del mar, y le erigió un monumento funerario que convirtióse en un lugar de peregri- nación, para cuya conservación dedicó Abu-Sir bienes inalienables; é hizo grabar en la puerta del edificio esta inscripción mural:
¡Abstente del mal! ¡Y no te embriagues con el
sorbo amargo de la maldad! ¡El malo acaba siem-
pre por caer vencido!
¡Ve el Océano flotar en su superficie cosas del de- sierto, en tanto que las perlas reposan tranquilas en las arenas submarinas!
¡Por las regiones serenas, está escrito en las pá-