ANÉCDOTAS MORALES DEL JARDIN PERFUMADO
«Las anécdotas morales ¡oh rey afortuna- do! son las que mejor conozco. Voy á contarte una ó dos ó tres, entresacadas del JARDÍN PER- FUMADO. Y el rey Schahriar dijo: <¡Pues date prisa á empezar porque siento que esta noche me invade el alma un gran fastidio! ¡Y no estoy seguro de conser- varte hasta mañana la cabeza sobre los hombros!> Y Schahrazada dijo, sonriendo: ¡Helas aquí! Pero te pre- vengo joh rey afortunado! que estas anécdotas, aunque son de lo más morales, pueden pasar por anécdotas li- bertinas á los ojos de la gente grosera y de criterio es- trecho. Y dijo el rey Schahriar: <¡No te detenga ese te- mor, Schahrazada! Sin embargo, si crees que esas anéc- dotas morales no pueden ser oídas por esta pequeñuela que te escucha acurrucada á tus pies en la alfombra, dile que se vaya en seguida. ¡Por cierto que aún no sé qué hace aquí esta pequeñuela!» Al oir del rey semejan-