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Página:Las mil noches y una noche v12.djvu/50

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LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE

Cuando la joven vió al joven, quedó encantada de su belleza de luna; y á él le ocurrió lo mismo. Y se dijo ella: ¡Qué lastima que no tenga lo que poseen los demás hombres! Porque es verdad lo que me ha contado mi esposo: ¡apenas lo tiene del tamaño de una avellana!> Pero al contacto de la joven empezó ya á conmoverse el niño que dormía entra los muslos del joven; y como era sólo de una pequeñez aparente y de los que en estado de sueño entran por completo en el regazo de su padre, co- menzó á sacudir su modorra. ¡Y he aquí que surgió de pronto comparable al de un burro ó de un ele- fante, y mayor y más potente en verdad! Y al ver aquello, la esposa del masajista lanzó un grito de admiración y se arrojó al cuello del joven, que la cabalgó como un gallo triunfante. Y en una hora de tiempo, la penetró por primera vez, luego por segunda vez, luego por tercera vez, y así sucesi- vamente hasta la décima vez, en tanto que ella se agitaba tumultuosa y gemía y se movía locamente.

¡Eso fué todo!

Y tras el enrejado de madera de la puerta, ol masajista estaba viendo toda la escena, y por te- mor al oprobio público no se atrevía á hacer ruido ó tirar la puerta. ¡Y limitábase á llamar en voz baja á su esposa, que no le contestaba! Y le decía: <¡Oh madre de Ali! ¿á qué esperas para salir? ¡El día avanza y dejaste olvidado en casa al pequeñue- lo, que espera la teta! Pero ella continuaba hol- gándose debajo del joven, y decía, entre risas y ja-