deos: ¡No, por Alah! en adelante no daré teta á otro pequeñuelo que á este niño!» Y le dijo el hijo del visir: ¡Sin embargo, podrías ir á tetarle un instante para volver en seguida!» Ella contestó: <¡Antes me sacarán del cuerpo el alma que decidir- me á dejar huérfano de madre ni una sola hora á mi nuevo niño!>
Así es que cuando el pobre masajista vió que se le escapaba de tal suerte su esposa y que con tal descaro se negaba á volver con él, fué tanta su desesperación y sintió celos tan rabiosos, que subió á la terraza del hammam y arrojóse desde allí, es- trellándose la cabeza contra la calle. Y murió.
Esta historia prueba que el prudente no debe fiarse de las apariencias.
Pero continuó Schahrazada-la anécdota que voy
á contarte todavía demostrará mejor cuán engañosas
son las apariencias y qué peligroso es dejarse guiar por
ellas.
Hay líquidos y líquidos
He llegado á saber ¡oh rey afortunado! que un
hombre entre los hombres se prendó en extremo de
una joven bella y encantadora. Pero esta joven,
que era un modelo de gracia y de perfecciones, es-