taba casada con un hombre al que amaba y del cual era amada. Y como, además, era casta y vir- tuosa, el hombre que estaba enamorado de ella no podía encontrar medio de seducirla. Y como ya ha- cía mucho tiempo que cansaba su paciencia sin re- Bultado, se le ocurrió valerse de alguna estratage- ma para vengarse de ella ó vencer su desvío.
El esposo de aquella joven tenía en su casa como servidor de confianza á un joven á quien ha- bía educado desde la infancia y que guardaba la casa en ausencia de los amos. Así es que el despe- chado enamorado fué en busca de aquel joven y trabó amistad con él, haciéndole diversos regalos y colmándole de agasajos, hasta el punto de que el joven acabó por sentir hacia él verdadera devoción y obedecerle sin restricción en todo.
Cuando le pareció que era oportuno, el enamo- rado dijo un día al joven: <¡Oh amigo, quisiera vi- Bitar hoy la casa de tu amo cuando hayan salido tu amo y tu ama!» El otro contestó: ¡Bueno!> Y cuan- do su amo se marchó á la tienda y su ama salió para ir al hammam, fué él en busca de su amigo, le cogió de la mano, é introduciéndole en la casa le hizo visitar todas las habitaciones y ver cuanto había en ellas. Pero el hombre, que estaba firme- mente resuelto á vengarse de la joven, habia ya preparado la mala pasada que quería jugar. Así, pues, cuando llegó al dormitorio, se acercó al lecho y vertió en él el contenido de un frasco que tuvo cuidado de llenar de clara de huevo. É hizo la cosa