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Página:Las mil noches y una noche v12.djvu/54

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LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE

opinión, pensando: «¡De ese joven no puede haber salido una mancha tan enorme, porque todavía no está en edad de que se le hinchen los compañones!> Le llamó, sin embargo, y le gritó con voz temblo- rosa de furor: ¿Dónde está tu ama, miserable aborto?» El joven contestó: «¡Ha ido al hammam!» Al oir estas palabras, se consolidó más la sospecha en el espíritu del mercader, pues la ley religiosa exige que hombres y mujeres vayan al hammam para hacer una ablución completa cuantas veces verifiquen la copulación. Y gritó al mozo: <¡Corre en seguida para decirla que vuelva!» Y el mozo apresurose á ejecutar la orden.

Llegada que fué su esposa, el mercader, que recorría con los ojos de derecha à izquierda la estancia en que se hallaba el lecho consabido, Baltó sobre la joven sin pronunciar palabra, la asió por los cabellos, la tiró al suelo y empezó á admi- nistrarle una serie tremenda de patadas y puñeta- zos. Tras de lo cual le ató los brazos, cogió un gran cuchillo y se dispuso à degollarla. Pero al ver aquello, la mujer comenzó á gritar y aullar tan fuerte, que todos los vecinos y vecinas acudieron en su socorro y la encontraron á punto de ser de- gollada. Entonces separaron à la fuerza al marido y preguntaron á qué causa obedecia semejante castigo. Y exclamó la mujer: ¡No sé la causa!» Entonces dijeron todos al mercader: «Si estás que- joso de ella, tienes derecho & divorciarte ó repren- derla con dulzura y mansedumbre. ¡Pero no puedes