matarla, porque como casta lo es, y nosotros por tal la conocemos, y de ello daremos testimonio ante Alab y ante el kadí! ¡Desde hace mucho tiempo es vecina nuestra, y no hemos notado en su conducta nada reprensible!> El mercader contestó: «¡Dejad- me degollar á esta licenciosa! ¡Y si queréis una prueba de sus licencias, no tenéis mas que mirar la mancha líquida que han dejado los hombres intro- ducidos por ella en mi lecho!> Al oir estas pala- bras, los vecinos y las vecinas se acercaron al lecho, y cada uno á su vez metió el dedo en la mancha, y dijo: «¡Es liquido de hombre! Pero en aquel momento se acercó a su vez el joven y re- cogió en una sartén el líquido que no había sido absorbido por la tela, poniendo la sartén á la lumbre y haciendo cocer el contenido. Tras de lo cual tomó lo que acababa de cocer, se comió la mitad y distribuyó la otra mitad entre los circuns- tantes, diciéndoles: «¡Probadlo! ¡es clara de huevo!> Y habiéndolo probado, se aseguraron todos de que era realmente clara de huevo, incluso el marido, que comprendió que su esposa era inocente y que la había acusado y maltratado injustamente. Asi es que apresuróse á reconciliarse con ella, y para sellar su buen acuerdo, le regaló cien dinares de oro y un collar de oro.
Esta historieta prueba que hay liquidos y liqui- dos, y que es preciso saber diferenciar todas las cosas.