mujer! que ejerza otro oficio que el de pescador!> Y le he repetido estas palabras hasta hartarme. Y ella me contestaba siempre: «Alah-Karim! ¡Alah- Karim! Su generosidad es ilimitadal No te deses- peres, joh padre de tus hijos! ¿Y es esta toda la generosidad de Alah? ¿Será ese burro muerto la hacienda destinada al pobre recién nacido, ó lo será el casquijo y la arena recogidos?>
Y el pescador Abdalah permaneció inmóvil lar- go tiempo, presa de una pena muy profunda. Lue- go acabó por decidirse à arrojar su red al mar una vez más todavía, pidiendo à Alah perdón por las palabras que acababa de pronunciar impensada- mente, y dijo: Sé favorable à mi pesca, ¡oh Tú el Retribuidor que dispensas á tus criaturas las mercedes y los beneficios, y marcas su destino de antemano! ¡Y sé favorable à ese niño recién naci- do, y te prometo que un día será un santón consa- grado à tu exclusivo servicio!» Luego se dijo: «¡Quisiera pescar aunque no fuese mas que un solo pez, para llevárselo á mi bienhechor el panadero, que en los dias negros, cuando me vela parado de- lante de su tienda husmeando desde fuera el olor del pan caliente, me hacía con la mano señas para que me acercara y me daba generosamente lo que necesitaba para los nueve y la madre!>
Cuando hubo echado por tercera vez su red, Abdalah estuvo esperando mucho tiempo y se dis- puso luego á retirarla. Pero como la red pesaba todavía más que las otras veces y su peso era com-